Muse, un cierre muy 'heavy' para el FIB
elmundo.com :: Julio de 2007
Los britanicos Muse, unos auténticos Europe del 'britpop' capitaneados por Matthew Bellamy, un cruce todavía más grandilocuente entre Freddie Mercury y Joe Satriani, pusieron un pomposo broche al XIII Festival Internacional de Benicàssim, ya un 'gibraltar' musical peninsular con todas las letras.
Un 47% de las entradas de esta edición se adquirió en el extranjero según la organización, pero la sensación en el recinto fue de aún mayor 'british invasion': tal vez tres de cada cuatro 'fibers' eran guiris. ¿Planean los hermanos Morán invadir a su vez las Islas Británicas y abrir un FIB en Bristol? Todo se andará.
Muse, por su parte, se impuso a Arctic Monkeys en respuesta popular, y eso en el difícil domingo, siempre en cuesta abajo de asistencia. Algo importante industrialmente, pero intrascendente en lo musical, porque aparte de casar pop con heavy -Van Halen con los Beatles-, y sin sentido alguno del ridículo, no hay más que contar del 'excalibur-rock' del trío, que arrancó escenas dantescas de las huestes festivaleras, señalamientos de cielo por doquier.
Con una sobredosis de reverberación, una aterradora capacidad para la grandilocuencia y un espectáculo visual inenarrable, con bombardeo de eslóganes a lo U2 incluido, Muse gamó por KO a varios de sus compañeros de camada en los últimos años, unos tristones Kings of Leon, unos aceptables pero no más Black Rebel Motorcycle Club y el revival irónico de The Hives, en la última jornada del FIB 2007.
Llegó Muse para vincular los dos festivales que se celebran en este mismo recinto de Benicássim, el FIB y el Viña Rock, porque su show rozó a Stratovarius (de nuevo Félix), con Bellamy entregado a un onanismo vocal-guitarrísitico que hizo las delicias del de nuevo respetable. No barrocos sino churriguerescos, instalados directamente en el exceso, los tres ingleses (más un teclado colado de rondón a modo de colcha) triunfaron en toda regla, cabalgando sobre el virtuosismo instrumental de su líder y con melodías que les auguran un futuro comercial aún más esplendoroso que su presente. El lleno fue mayor que con Arctic Monkeys, y también los rugidos comunales.
ELMUNDO.COM / JULIO 2007 / Quico Alsedo