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CHRIS EN SAN SEBASTIÁN

Elcorreodigital.com :: Marzo de 2004

Cuatro meses después de sus últimos conciertos en España, regresa la que pasa por ser la banda más personal e interesante del post brit pop, género «regresivo» contra el que Mathew Bellamy (guitarra, piano y voz), Dominic Howard (batería) y nuestro interlocutor, Chris Wolstenholme (bajo), comenzaron a reaccionar hace cinco años con ‘Showbiz', álbum marcado por el prisma vocal a lo Jeff Buckley de Bellamy que suscitó comparaciones con los entonces inevitables Radiohead. Impulsados por sus vibrantes directos, Muse continuó su proyección ascendente con ‘Origin of Simmetry', CD donde radicalizó su sonido y añadió nuevos matices a su espiral de guitarras y rock de ambientación opresiva, atemperado con melodías de evocación clásica.

Tal batido de texturas volvió a quedar reflejado en ‘Hullabaloo Soundtrack', cinemática recopilación de rarezas y ‘caras b' que permitía al oyente descubrir nuevos matices en el repertorio de esta banda. Deudora del ‘freakismo' progresivo que marcó su pubertad (de Zappa a Primus), su emo rock de autor permeable al barroquismo instrumental -ahí están para demostrarlo las sutilezas electrónicas y el candor de la música clásica romántica- ha entrado en una nueva dimensión con su última entrega de estudio, ‘Absolution', un disco con aspiraciones redentoras que, tras su paso por Granada (ayer) y Madrid (hoy), el trío británico recrea esta noche en el Velódromo de Anoeta (San Sebastián).

Calentarán el ambiente los Future Kings of Spain, banda irlandesa de noise pop y hardcore rítmico, que se ha curtido teloneando a ‘gurús' indies como J Mascis (Dinosaur Jr). Este grupo aprovechará para presentar su álbum homónimo de debut en el que, no por casualidad, colaboraron Eli Janney (Girls Against Boys) y Ted Niceley, productor de Fugazi y los propios Boys

-¿Cómo va la gira?

-Muy bien. Nuestro tramo anterior de conciertos, en Francia, ha sido muy intenso. Se nota que el público conoce más los temas nuevos de Muse que cuando actuamos en noviembre pasado. Además, entonces nos centramos en recitales en clubes y ahora lo estamos haciendo en lugares más grandes para que la gente que no pudo vernos entonces lo pueda hacer ahora.

-¿El repertorio es idéntico?

No, lo estamos cambiando bastante en función de la sensibilidad y los gustos del público. Por algún motivo, en el norte de Europa gustan más nuestros temas lentos, mientras que en países como Bélgica prefieren los más progresivos y avanzados. En España, en cambio, prefieren los más intensos. También hemos variado las proyecciones que realizamos sobre el escenario.

-El vídeo de ‘Time is running out' tiene un marcado carácter político que contrasta con el lado más espiritual que sugiere ‘Absolution'.

-El vídeo sí tiene ese enfoque, pero creo que el álbum en conjunto no posee un carácter concreto. Algunos temas muestran nuestra procupación por el mundo actual, otras versan sobre las relaciones personales o la honestidad y, aunque no somos personas especialmente religiosas, hay canciones que muestran nuestra confusión espiritual. El titulo ‘Absolutión' contiene un fondo religioso, pero tambien alude a cuestiones tan humanas como el perdón o la búsqueda de la redención y la pureza en nuestras relaciones y en la existencia diaria.

Sonar como al principio

-El disco revela una actitud más evolucionada. ¿Qué aporta ‘Absolution' a la carrera de Muse?

-Representa lo que somos ahora. Hemos conseguido un equilibrio entre lo que veníamos haciendo y las cosas nuevas que estamos probando. Pero no ha habido una ruptura radical. El sonido de ‘Absolution' es reconocible y, a la vez, supone algo completamente nuevo, como una puesta al día. Hay temas como ‘Stockholm' o ‘Time is running' que suenaen familiares y otras canciones, como ‘Blackout' o ‘Butterflies and Hurricanes', que han sido una sorpresa para mucha gente.

-¿A qué obedece esa mezcla?

-Cuando comenzamos a trabajar en el disco, nuestro deseo era volver a sonar como al principio, cuando nos juntabamos para hacer música. Entre 1999 y 2001 estuvimos girando sin parar y nos apetecía encerrarnos a probar cosas nuevas sin ninguna prisa, como al principio cuando compusimos los temas de ‘Showbizz' sin disponer aún de un contrato discográfico. Tenemos esas dos caras: por un lado somos una banda clásica, pero por otro nos gusta experimentar y buscar nuevas caminos sin perder la frescura.

-¿Por eso habéis recurrido al productor de vuestros primeros Eps?

-En parte. No queríamos un productor muy famoso, ya que entonces corres el riesgo de que mediatice mucho lo que haces, sino alguien de confianza y con experiencia en el rock, pero que al mismo tiempo pudiera entenderse con una banda que quiere probar cosas nuevas. Rich (Costey) ha trabajado con grupos potentes como Rage Against The Machine, Mars Volta o Audiosave, pero tambien con autores muy minimalistas y avanzados como Phillip Glass, así que era el tío ideal.

-En esos comienzos de los que hablabas os comparaban con Radiohead. ¿De qué bandas os sentís más próximos?

-En este momento, creo que no tenemos que ver demasiado con ninguna banda. No nos parecemos a nadie. Nos interesan grupos como Flaming Lips, capaces de hacer cosas distintas sin perder su identidad ni resultar demasiado aburridos. Al componer una canción recibimos una enorme cantidad de influencias diferentes, lo mismo de temas con más de un siglo de antigüedad que otros recientes. Nuestra música es el resultado de esa confusión que también existe en la vida. Se trata de un sonido que carece de una orientación concreta y cambia de una manera díficil de predecir. Es el resultado de todo lo que hemos ido absorbiendo.

-A menudo se os califica de progresivos, un término denostado no hace mucho.

-Sí, se asociaba con la pretenciosidad de hacer del rock un arte. A nosotros nos interesa su aspecto evolutivo, pero ponemos los sentimientos en primer plano. La obsesión por la técnica y las demostraciones instrumentales no tienen nada que ver con Muse. Siempre primamos el concepto de canción.

Emocional y técnico

-¿En qué medida os influye la música clásica?

-Es una influencia que tiene que ver más con Matt Bellamy. Él ha estudiado piano clásico y le interesa mucho la armonía de la música clásica romántica y la atemporalidad de sus melodías, su caracter emocional y al mismo tiempo técnico Es una seña más, pero ya no está tan presente.

-¿Cómo veis el panorama actual del pop?

-Por suerte, y sobre todo en el Reino Unido, ya no parece tan anclado en el pasado como ese brit pop carente de emoción del que siempre tratamos de alejarnos. Echábamos en falta grupos que hicieran rock de una manera contemporánea, pero ahora hay una buena corriente de bandas intensas de rock de procedencias muy diversas, como el norte de Europa, Australia o Nueva Zelanda. Se puede encontrar buena música en cualquier parte del mundo.

ELCORREODIGITAL / Marzo 2004/ Josu Olarte (San Sebastián)