Encuentros en la Tercera Fase
mtv.es :: Marzo de 2004
Con un concierto muy equilibrado, Muse se hicieron dueños y señores de Vistalegre. La gira de los británicos dejó buen sabor de boca en Madrid (Palacio de Vistalegre).
Un espectáculo musical y visual, pero sobre todo un homenaje a los sentidos del público madrileño. Muse venían a confirmar con Absolution su condición de grupo consagrado entre la jet-set del rock internacional y lo lograron. Entre otras cosas porque ofrecieron un concierto muy compensado que hizo las delicias de una audiencia predispuesta a comulgar con los principios que gobiernan el universo Muse.
Abriendo el concierto, The Future Kings of Spain, un grupo de jóvenes rockeros irlandeses que lograron llamar la atención de una gran parte de los oyentes y de los que seguramente oiremos hablar más.
Teloneros al margen, el concierto de Muse fue bueno porque los británicos son buenos, siempre que no suenan excesivamente orquestarles. El trío supo equilibrar la actuación evitando caer en las enrevesadas sinfonías empleadas para crear una atmósfera única y en las que el grupo se echa a perder. Con un arrollador comienzo apoyado en la concatenación de varios de sus singles, dejaron claro que son, ante todo, un potente grupo de rock. A partir de entonces, Matthew Bellamy se puso a los mandos de la nave audiovisual en la que se convirtió el escenario. El líder del grupo demostró una peculiar destreza tanto al piano como a la eléctrica escapando, en ocasiones, a las reglas convencionales de composición. Es incuestionable que gran parte del éxito de Muse reside en el talento y en el carisma del vocalista, pero conviene recordar la aportación de ese 4º miembro en la sombra que se encarga de arropar la vertiente instrumental del grupo con un sonido de base meticulosamente preproducido. Complementado a ese todo, imágenes de todos los colores y sabores desplegadas en pantallas situadas a espaldas del grupo que ayudaron a crear un ambiente especial y a mitificar algunos fragmentos de sus canciones.
Muse acabó el concierto al mismo ritmo frenético al que lo inauguró. Los asistentes se entregaron al estilo de una agrupación que ha sabido acaparar tanto las miradas de los adeptos a las nuevas tendencias musicales como a los amantes del rock progresivo o del rock sin etiquetas. El grupo debía justificar el alto precio de la entrada y salvo por algún insaciable, la sensación que flotaba entre la masa era la de una gran satisfacción. Para los que creían que la evolución del rock tiraba hacia el industrialismo de Nine Inch Nails o para aquellos que defendían que la sombra de Radiohead era demasiado alargada sólo un último postulado: Muse gustarán o no, pero su talento y su original estilo son una realidad.