Protegidos por las musas
GQ :: Septiembre de 2009

Su sonido épico, experimental al límite, ha convertido a Muse en una de las bandas más influyentes del pop-rock mundial. Hablamos con su líder, Matthew Bellamy, a escasas semanas del lanzamiento de su disco más esperado: The Resistance.
Madrid. Hotel de las Letras. 13 de julio. 11:00 horas. Resuenan en mis oídos los últimos compases de Exogenesis, la canción sinfónica dividida en tres partes que cierra The Resistance, el último álbum de Muse. Aturdido y sin saber todavía a ciencia cierta cómo definir lo que acabo de escuchar, me quedo mirando el iPod Touch que nos ha facilitado Warner para oír el disco -en un pase privado, exclusivísimo y vigilado- con cara de idiota, la boca abierta y las neuronas procesando. 'Los van a freír', es el primer pensamiento que viene a mi cabeza mientras buceo con mi dedo en el playlist para volver a hacerlo sonar desde el principio. Pretencioso, ampuloso, rebuscado, demasiado experimiental… Me parece estar leyendo los adjetivos con los que crítica y público van a despachar este trabajo de primeras. Sin embargo, a mí sólo se me ocurre una palabra para definir el quinto álbum del trío de Teignmouth (Devon): genial, de nuevo.
'Terminaron el master hace dos semanas', nos comenta el mánager de la banda, enfatizando el lujo de ser -casi- los primeros en escucharlo (The Resistance sale a la venta el 14 de septiembre). Como la entrevista no está prevista hasta las tres (el grupo ha insistido en que escucháramos el disco a primera hora de la mañana, y ahora entiendo el porqué: como un buen cocido madrileño, hay cosas que hace falta digerir con tiempo), aún tengo varias horas para dar un paseo por Recoletos, tirar a la basura el primer cuestionario y elaborar uno nuevo en la oficina. Doble trabajo, rumio para mí; pero me siento afortunado después de todo pues en breve dispondré de un cicerone de lujo para adentrarme en el universo atormentado y trágico de Muse: Matthew Bellamy. A primera vista, el líder, cantante, guitarrista y pianista de la banda parece un tipo frágil y delicado como una figurita de Lladró, si se admite la comparación. Bajito y extremadamente delgado en su camiseta de D&G, te dan ganas de llevártelo a casa como un cachorro abandonado. Te preguntas de dónde salen la fuerza y la energía brutal que descarga en sus conciertos. Por otro lado, has oído y leído tantas cosas sobre él (que si es bastante rarito, que si guarda cabezas humanas cortadas en su nevera, que si es una especie de alien que pulula por el planeta Tierra…), que entras en su suite esperando encontrar una mezcla entre Prince, E.T. y Marilyn Manson.
Pero resulta que Matthew Bellamy es un tipo absolutamente normal (casi, decepcionantemente normal). Con cierto aire de genio distraído y un sentido del humor muy inglés, educado, inteligente y afable. Habla deprisa, como si tuviera muchas cosas que decir, y responde a todo con una sonrisa. A sus 31 años, trsa haberse convertido en el enfant mimado de la música británica, haber vendido millones de discos y agotado todo el papel de su gira mundial en pocos días, sigue pareciéndose a ese niño prodigio que en 2005 cantaba: 'La vida es demasiado buena para durar y, yo, demasiado joven para preocuparme por ello'.
The Resistance ha generado una expectación sin precedentes. ¿Habéis sentido esa presión cuando estabais preparando el disco? Creo que al principio sí notamos esa presión, pero empezamos a trabajar solos, sin productor, así que de algún modo nos aislamos. Los productores, a veces, tratan de que seas consciente de lo que el resto de la gente piensa que debes hacer. Al final conseguimos grabar en casa de una forma muy privada, sintiéndonos muy libres, disfrutando realmente del proceso.
Tras meses grabando en una especie de búnker en tu casa del lago Como seguís siendo amigos ¿Cuál es el secreto? Tuvimos unas cuantas discusiones difíciles, especialmente al principio, porque cada uno tenía su propia idea del disco, y algunas veces no estás de acuerdo, pero lo bueno de ser una banda de trse es que la democracia es fácil. Una vez que conseguimos confluir nos encontramos pasándolo genial, quizá como nunca. No hubo restricciones de ningún tipo para las nuevas ideas musicales, todo iba para adelante.
La democracia es fácil… No es el tipo de frase que uno espera del líder de Muse… ¿No? (Risas) Bueno, en la producción de un disco algunas veces es fácil.
¿Cómo ha afectado la crisis económica a las letras y la música de este álbum? Creo que la primera canción del disco está muy influenciada por lo que está pasando ahora en el mundo, especialmente en Inglaterra, donde hay cierta sensación de que la gente ya no importa; las grandes corporaciones influyen en los gobiernos para crear una especie de mundo financiero que nada tiene que ver con la calle… Se están cargando la naturaleza, el planeta… a la gente.
Muchas de vuestras canciones tienen un mensaje político, pero de un modo muy poético.¿Cómo conseguís ese balance? Se trata de hablar de cómo te sientes realmente, de cómo te hace sentir que tu gobierno no haga un buen trabajo o de cuando te das cuenta de que por culpa de los bancos puedes perder todo tu dinero. Pienso en todo eso y lo transformo en emociones, no me limito a ser descriptivo. Es una visión personal, sugestiva… Es mi visión.
Vuestra música gravita entre la esperanza y la desesperación.¿En que punto te encuentras ahora? Siempre hay un poco de esperanza en todo lo que hago. Es importante creer que el cambio es posible. Me gustaría que la gente tuviera un sentimiento mucho más optimista sobre sus propias aptitudes, que fuera más consciente de su capacidad para influir.
Siempre se habla de la influencia de Radiohead en vuestra música, pero en este álbum he detectado ciertas reminiscencias de Queen.¿Podría ser? Sí, en la canción United States Of Eurasia hay cierta influencia. Intentábamos combinar un rock clásico, quizás como el de Queen, con sonidos de Oriente Próximo; estuvimos en Dubái y escuchamos música bastante interesante, un tipo de música que sólo puede ser asociada con Eurasia, no con América. También queríamos incluir bastantes armonías vocales y, ya sabes, cuando usas muchas siempre suena a Queen (risas).
La primera canción del álbum es de nuevo una especie de himno. Parece que esto se ha convertido en un sello de la banda… Por supuesto. Cuando compones y a la vez planeas dar grandes conciertos escribes canciones que pueda cantar todo el mundo. Y, efectivamente, en Uprising hay varios acordes para que la gente pueda gritar ¡Oe! desde el principio.
The Resistance no es un disco fácil en las primeras escuchas… Lo sé, pero sospecho que la gente, poco a poco, se irá enamorando de él.
¿Por qué cada vez sonáis más épicos? Supongo que algún día haremos algo que nos devuelva a nuestros orígenes, a nuestro sonido desnudo. No sé cuándo, quizá en el próximo disco nos tomemos ese respiro.
Vuestros discos son una rara combinación de rabia y amor. ¿Eres tan oscuro y trágico en la vida real? No. Mi música es como una batalla, pero la batalla está siendo ganada con positivas canciones de amor. ¡Aquí la única tragedia real es la política! (risas).
GQ / Héctor Izquierdo / Septiembre de 2009 / Nº 147